
Nuestra herencia
Con la llegada de tipos de música como el reggaetón, merengue, trap o el techno, el dominio musical en los bares y los clubes nocturnos se diversificaron a un estilo más crossover, es decir, en la noche se reproducían distintas categorías musicales. La salsa perdía cada vez más su influencia en varias partes del país. Un ejemplo es la ciudad de Medellín, en donde el reggaetón es el apartado musical más influyente.
Esta decaída en la popularidad de la salsa se puede deber a la hegemonía cultural por parte de los Estados Unidos. En los ochenta, migrantes latinos como Héctor Lavoe o Willie Colón juntaron ritmos de países como Puerto Rico, Cuba o Colombia, de esta forma se creó la salsa. Posteriormente, estos ritmos se exportaron gracias a la influencia del país del tío Sam en la región. Actualmente, la salsa ya quedó como parte de un nicho en este lugar y los nuevos estilos están exportándose igual que la salsa en los ochenta.
La reacción en Colombia no fue tan radical, sin embargo, sí provocó que la salsa sea considerada algo cultural, compitiendo con otros ritmos culturales del país como el vallenato, cumbia o joropo. Al pasar del tiempo, el género se está convirtiendo en nicho de un público mayor de 30 años en adelante. Los colombianos debemos procurar no olvidar nuestra cultura e idiosincrasia que nos hace tan distintivos en la región.
La salsa, ese género musical que tanto hace mover nuestros cuerpos al ritmo del mambo, son cubano, chachachá, entre otros subgéneros. Ese ritmo musical el cual encanto a toda una ciudad, al punto de convertirla en la capital mundial de la salsa: Cali. Ese ritmo que conquistó a Colombia en los años setenta y llegó a ser un ritmo obligatorio en cada fiesta familiar, entre amigos o parejas. La llegada del nuevo siglo trajo consigo cambios y novedades de la música… poco a poco se ha dejado de lado ese ritmo que se convirtió en cultura colombiana.
